Torregamones, paradigma del abandono

Fuente: La Opinión de Zamora.
Fecha: 23/08/2019


Los vecinos ponen en cuestión su pertenencia al Parque Natural de Arribes y a la Reserva de la Biosfera porque el olvido está presente en todos los aspectos públicos.

Placa de calle de Torregamones, sin el nombre, borrado por el paso del tiempo al intemperie.
Placa de calle de Torregamones, sin el nombre, borrado por el paso del tiempo al intemperie.

Torregamones, enclavado en plena Reserva de la Biosfera y Parque Natural e internacional de Arribes, es para los habitantes que respiran en el pueblo un paradigma de municipio sumido en un vergonzante abandono. El desinterés aparece al visitante con solo tener los ojos abiertos y mirar aquí y allá, en calles, en los jardines o en los vuelos de los cableados.

La situación es más denunciable si cabe porque es un pueblo de almas en gran parte de avanzada edad, pero también inquietas, con una población juvenil e infantil que en verano anda tan viva como las abejas. Asimismo, porque cuenta con unos valores paisajísticos, avifaunísticos y etnográficos que llenan los folletos que resplandecen en las grandes ferias turísticas (Intur, Fitur…), y porque atraen sustanciosos fondos europeos por mil causas (territorio transfronterizo y cuestiones medioambientales, vulnerables o en extinción dignos de conservación). Teniendo recursos más que apreciables, Torregamones es un pueblo dejado de la mano de Dios, visto desde cualquier costado.

«Se nos llena la boca con tanta Reserva de la Biosfera y Parque Natural. El reloj de la plaza marca las 3.24 horas. La misma hora que marca desde el siglo pasado. Un reloj que deja atisbar la situación de olvido, como que se hubiera parado el tiempo allá en el siglo XX y no hubiéramos avanzado. A escasos metros semiondea lo que debiera ser el orgullo de un municipio: la bandera y escudo. Semiondea porque parece haber sido roída por los ratones. Está colocada e izada sobre un puntal de obra, utilizado como mástil improvisado. Curiosa imagen y representativa de la alta institución de municipio, en un edificio viejo, en desuso y dejado a las inclemencias» afirman en Torregamones.

«No es otra imagen que una más de que las que recibe el visitante a su llegada al último pueblo sayagués, frontera con Portugal. Al pueblo se llega desde el cruce por una carretera vieja, comida y escondida por los matorrales y zarzales. Nos saluda un frontón dejado, sin un árbol plantado, escombros por todos los lados, porterías viejas y sin redes, y curiosa imagen la de una supuesta fuente de la que beben los niños, que no es otra cosa que una goma de dejada en su día para que los niños beban» añaden fuentes locales.

«A escasos metros del frontón, el visitante puede observar lo que se ve todos los años: los contenedores repletos de basura, caídos por el suelo y con la basura y los perros removiendo entre ellos para conseguir comida. Una imagen que choca porque está próxima a la iglesia del municipio» subrayan en el pueblo.

«Todos los estamentos se concentran en unos escasos metros, puesto que frente a la iglesia se encuentra, pasando el peligro cruce de la carretera, el parque infantil, que es la última obra municipal que se hizo hace nueve año. No se ha vuelto hacer una aportación municipal en servicios desde 2008. Un parque infantil que, hemos de decir, que los niños no utilizan porque está lleno de avispas, pulgas y maleza, y donde podemos encontrar la única papelera de un municipio de 37 kilómetros cuadrados, el único sitio donde podemos encontrar los únicos cuatro bancos de Torregamones, un municipio que adolece, que está con un tanto por ciento elevadísimo de personas mayores y no hay un solo banco para estas personas». El olvido va más allá porque, al decir de los vecinos «no hay un cartel de las calles donde sepamos donde estamos, ni una fuente; y la luz sigue siendo escasa y todavía hay caminos en vez de calles. Y así una tras otra y una tras otra».

El cielo urbano de Torregamones es un desconcertante mundo de cables sujetados de mala manera o despendolados, carente de cuidado y estética alguna, propio de un núcleo tercermundista.

«Las actividades de verano se realizan gracias a los vecinos pero no hay una sola imagen donde se vea al Ayuntamiento proponiendo, apoyando o realizando iniciativas» afirman. Hay parajes promocionados, pero «los vecinos se ven obligados a remolcar vehículos de turistas interesados en conocerlos, como son los Chiviteros o el Fuerte». La carretera de Torregamones, la travesía, «es un tramo de riesgo, y aunque se pidió hace años la instalación de reductores de velocidad nada se ha movido en la Administración».

Ayer se sumó una trifulca social por una supuesta invasión de zona pública. Son muchos los signos del abandono rural en Torregamones. Un pueblo lleno de valores.

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