Los zamoranos que quedaron fuera de los libros: Eduardo Velasco recupera sus historias pueblo a pueblo

Fuente: Zamora News
Fecha: 18/08/2026


El historiador lleva más de 40 años investigando en archivos y recorre las localidades zamoranas para contar a sus vecinos cómo vivieron sus antepasados; en Torregamones, una carta de examen del siglo XVIII permitió recuperar la historia de un joven artesano identificado por una cicatriz.

Noticia: Protagonistas

¿Qué queda de un pueblo cuando desaparecen sus vecinos, sus oficios y hasta los nombres de quienes vivieron allí? A veces queda un archivo. Y dentro de él, un nombre, un apellido, una fotografía o un documento capaz de devolver durante unos minutos la vida a quienes ya no están.

Es lo que lleva haciendo Eduardo Velasco desde hace más de 40 años. Historiador e investigador, ha pasado miles de horas entre archivos buscando algo que va mucho más allá de fechas y acontecimientos: cómo vivían realmente los zamoranos, de qué trabajaban, quiénes eran sus familias, por qué emigraron y qué ocurrió con los pueblos que hoy luchan contra la despoblación.

Ahora está llevando todo ese trabajo directamente a las localidades.

Ya son 45 conferencias.

Y en cada una de ellas cambia el escenario, los nombres y las historias. La investigación se adapta al pueblo que tiene delante y los documentos dejan de ser papeles antiguos para convertirse en una especie de álbum familiar colectivo.

Charla historia de Torregamones, 1591-2025. Fecha: 10/08/2026, 11 h. Centro Cultural Don Bernardino

La última conferencia fue en Torregamones, donde Velasco puso sobre la mesa documentos capaces de reconstruir la vida de sus vecinos hace varios siglos.

Entre ellos apareció Bernardo Simón.

Tenía 22 años, era de mediana estatura, tenía el pelo y los ojos negros y una cicatriz sobre la ceja izquierda.

No es una descripción literaria.

Es la forma en la que un documento del siglo XVIII identificaba a un joven de Torregamones que quería ganarse la vida con su oficio.

Su carta de examen acreditaba que había superado las pruebas necesarias para ejercer como artesano fuera de su localidad. En una época sin fotografías, aquellos rasgos físicos permitían reconocerlo si se desplazaba a otro pueblo.

Una pequeña historia escondida durante siglos en un archivo.

Y solo una de las muchas que Velasco está sacando a la luz.

45 conferencias para que los pueblos conozcan su propia historia

Velasco se jubiló hace tres años, pero los archivos siguen formando parte de su vida.

Acumula más de una veintena de publicaciones y lleva más de cuatro décadas investigando. Sin embargo, desde hace unos cuatro años ha dado un paso más: salir de los circuitos académicos y llevar sus investigaciones a los propios pueblos.

Su manera de entender el trabajo del historiador se resume en tres palabras: investigar, escribir y divulgar.

La última parte es la que ahora le lleva de localidad en localidad.

No ofrece una conferencia idéntica en cada sitio.

Cada pueblo tiene su propia historia y cada conferencia se construye a partir de sus documentos.

Por eso aparecen los apellidos que todavía permanecen, los oficios que desaparecieron, las familias que emigraron, las fotografías antiguas de las calles, los mapas que muestran cómo ha cambiado el territorio y las noticias de prensa que cuentan pequeños sucesos protagonizados por vecinos anónimos.

El objetivo es que el público no sienta que está escuchando una lección de Historia, sino que está conociendo a sus propios antepasados.

Del Catastro de Ensenada a las casas de los vecinos

Uno de los principales aliados de Velasco es el Catastro del Marqués de la Ensenada, una extraordinaria fotografía documental de la sociedad del siglo XVIII.

En Torregamones, la documentación permite conocer cómo era el municipio en 1751, quiénes encabezaban las familias y qué apellidos tenían mayor presencia.

Pascual y Barrio contaban con nueve cabezas de familia cada uno. Arenal tenía ocho; Diego y Simón, siete; y Salvador, Alfonso, Domingo y Lorenzo, cinco.

Detrás de esos apellidos hay familias, propiedades, trabajos y trayectorias vitales.

Y algunos de esos nombres han conseguido sobrevivir durante casi tres siglos.

La investigación también muestra que esa permanencia de los apellidos es especialmente visible en las comarcas del oeste zamorano, como Sanabria, Aliste y Sayago.

La relación con la tierra ayuda a explicarlo.

72 labradores frente a tres jornaleros en 1751

En la documentación de Aliste y Sayago de 1751, Velasco encuentra 72 labradores frente a solo tres jornaleros.

La diferencia permite comprender cómo funcionaba aquella sociedad.

El labrador disponía de tierras y tenía un vínculo mucho más estable con el territorio. El jornalero dependía del trabajo que encontrara y tenía mayor necesidad de desplazarse.

Pero el campo no era la única actividad.

Muchos vecinos combinaban la agricultura con otros trabajos: herreros, carreteros, tejedores de paños…

El pueblo era una pequeña economía en la que una misma persona podía desempeñar diferentes funciones.

Hasta que aquellos oficios comenzaron a desaparecer.

Los oficios que desaparecieron de los pueblos zamoranos

Torregamones tuvo durante el siglo XVIII y buena parte del XIX una actividad artesanal importante.

Los documentos hablan de tejedores de lienzo, tejedores de estopa, sastres y otros artesanos.

La segunda mitad del siglo XIX cambió ese paisaje.

La documentación de la contribución industrial y de comercio de 1853 y 1854 permite observar cómo muchos de aquellos oficios habían desaparecido o estaban en retroceso.

No era solamente una cuestión económica.

Cuando desaparecía un oficio también desaparecía un conocimiento transmitido de padres a hijos.

Y poco a poco los pueblos empezaron a perder una parte de la estructura que los había sostenido durante generaciones.

Torregamones pasó de 693 habitantes a unos 225

La evolución demográfica permite ver la magnitud del cambio.

Torregamones llegó a registrar 693 habitantes en 1591. Hoy ronda los 225.

La despoblación no apareció de repente.

A finales del siglo XIX, la crisis del campo y el impacto de la filoxera en las zonas vitivinícolas provocaron importantes movimientos migratorios.

Muchas familias buscaron una nueva vida al otro lado del Atlántico.

Argentina, Colombia, Brasil o Cuba estuvieron entre los destinos.

Después llegó la gran emigración de los años 50 y 60 del siglo XX, cuando miles de zamoranos abandonaron sus pueblos para dirigirse hacia las zonas industriales españolas.

Con ellos no se marcharon únicamente personas.

También se fueron oficios, conocimientos y formas de vida.

Dos vecinos de Torregamones estudiaron en Salamanca

Los documentos también sirven para desmontar algunos tópicos sobre la sociedad rural.

Entre 1751 y 1776, Velasco ha localizado a dos vecinos de Torregamones matriculados en la Universidad de Salamanca.

Uno estudió en la Facultad de Gramática y otro en la Facultad de Artes.

Dos nombres que demuestran que aquellos pueblos eran mucho más complejos de lo que podría sugerir la imagen de una sociedad dedicada exclusivamente al campo.

Había campesinos y artesanos.

Pero también estudiantes, emigrantes y personas que buscaban oportunidades lejos de casa.

Las mujeres que casi desaparecen de los archivos

Hay una parte de la investigación que presenta muchas más dificultades: el trabajo de las mujeres.

El Catastro de Ensenada registra habitualmente la profesión del cabeza de familia, pero no siempre recoge la actividad de su esposa.

En Puebla de Sanabria, Velasco ha localizado alrededor de una docena de mujeres viudas al frente de sus familias. Sin embargo, solo en dos casos aparece claramente su ocupación: una como labradora y otra como pobre de solemnidad.

Las demás quedan prácticamente fuera del registro.

Ese silencio también es una fuente histórica.

Para reconstruir qué hacían aquellas mujeres y qué papel tenían en la economía familiar es necesario cruzar otros documentos.

Uno de los trabajos de Velasco sobre el trabajo femenino en Aliste fue seleccionado entre seis investigaciones en un congreso celebrado en las Alpujarras de Granada, con cerca de 400 especialistas, y será publicado en Argentina.

Los mapas que enseñan una Zamora que ya no existe

Las conferencias también permiten descubrir que la propia provincia ha cambiado territorialmente.

Un mapa de Tomás López de 1779 muestra una organización administrativa muy diferente de la actual.

Antes de la reorganización territorial de 1833, parte del norte de la actual Zamora estaba vinculada a Valladolid y otras zonas pertenecían a la provincia de Toro.

Otro mapa, de 1863, muestra ya una configuración mucho más cercana a la actual.

Los vecinos descubren así que la provincia que consideran propia tampoco ha sido siempre la misma.

Fotografías de 1871 para volver a caminar por las calles

Las fotografías antiguas son otro de los grandes recursos de las conferencias.

Velasco trabaja con imágenes vinculadas a los trabajos catastrales de Hacienda de 1871 a 1873.

Muchas están deterioradas y necesitan ser restauradas digitalmente, pero permiten volver a mirar las calles de los pueblos hace más de 150 años.

Casas, edificios, calles y espacios que han cambiado o desaparecido.

Y junto a las imágenes aparece la prensa histórica.

Robos de mulas, animales desaparecidos, avisos, pequeños conflictos y sucesos locales que hoy adquieren un valor completamente diferente.

Para encontrar una noticia que merezca ser recuperada, Velasco puede llegar a revisar 20 o 30 informaciones.

Lo que entonces parecía un pequeño suceso puede convertirse hoy en uno de los pocos testimonios existentes sobre la vida cotidiana de una localidad.

Las conferencias de Velasco no solo recuperan la memoria de los pueblos. También consiguen reunir a quienes todavía los sienten como propios.

En Torregamones acudieron cerca de un centenar de personas. En Ferreros, en Sanabria, un pueblo de apenas 16 habitantes, reunió a más de 50. Durante unas horas, localidades que pasan buena parte del año con muy pocos vecinos recuperan una actividad que recuerda a otros tiempos.

La historia no termina en el archivo

Eso es lo que Eduardo Velasco está haciendo con sus conferencias.

Llevar la investigación hasta las personas que aparecen en ella.

Que un vecino pueda descubrir el apellido de un antepasado. Que alguien reconozca una calle en una fotografía de 1872. Que otro descubra que en su pueblo hubo tejedores, sastres o artesanos. Que una mujer que durante siglos quedó fuera de los documentos pueda volver a aparecer gracias a la investigación.

O que un joven llamado Bernardo Simón vuelva a tener nombre y rasgos tres siglos después.

22 años. Pelo negro. Ojos negros. Una cicatriz sobre la ceja izquierda.

No es solo la descripción de un joven del siglo XVIII.

Es la demostración de que en los archivos de Zamora todavía queda una provincia entera esperando a ser contada.

[…]

Noticia relacionada:

09/08/2026: Torregamones recupera su historia y sus tradiciones con una jornada dedicada a la memoria del municipio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *