Diálogos con el Teatro: «En vísperas de elecciones…»

Cosas de elecciones:

AMBROSIO:
Isabel, estoy pensando que el pueblo no levanta cabeza, que todos se presentan por egoísmo propio… arreglan lo suyo y luego si te he visto no me acuerdo, claro, ¡si tampoco tienen mucho tiempo para dedicárselo al ayuntamiento! A los vecinos hay que escucharlos y tenerlos contentos e involucrarlos a ellos también en quehaceres del pueblo… como se hacía antiguamente, pero claro, en el pueblo no hay más que gente mayor que no pueden hacer mucho y los que lo podrían hacer, todos tienen mucho trabajo ¡que si hacen lo suyo no están de más!
ISABEL:
¡Oye! Ambrosio, tú no estarás pensando en meterte en el ayuntamiento ¿Verdad? Porque no nos faltaba nada más que eso, ¡con la simpatía que nos tienen sin habernos metido con nadie ni nada…! Sólo nos faltaba ser los hijos y la mujer del alcalde, pues sí, pronto te dirían eso de… BURLONAMENTE «No arregla su casa y va arreglar la casa de los demás» ¡Que no! Si estás pensando el hacer eso, quítatelo ya de la cabeza, que lo único que ganamos son enemistades.
AMBROSIO:
¿Pues no dices que no nos tienen mucha simpatía? Pues entonces poco podemos perder… Si pierdo, no pierdo nada, si gano, tampoco gano porque nadie me paga un euro y en cuanto a perder amigos, ¿Qué amigos vamos a perder si no los tenemos? No hay que tener miedo a eso, porque como no los tenemos, tampoco los perderemos. Así es, que te guste o no te guste yo me presento para el ayuntamiento, ahora tengo tiempo y ¡Nadie mejor que yo, para ser el alcalde del pueblo! ¡A ver si puede cambiar esto un poco mujer!
ISABEL:
A mí, ya me duele la cabeza y eso que no han comenzado las elecciones, así es qué, ¡como llegues a salir de alcalde! ni te cuento, tendré dolor de cabeza todos los días.
AMBROSIO:
¡No te preocupes tanto mujer! ¡Verás! Cuando tú seas la mujer del alcalde y los muchachos los hijos, notarás entonces como todo el pueblo será nuestro amigo, además trabajaré para qué así sea. Eso es algo bonito en un pueblo, que te quieran y se lleven bien con uno, y que te cuenten historias, y que sin serlo se pueda vivir como la gran familia que de pequeño recuerdo.
ISABEL:
¡Dios te oiga Ambrosio! ¡Dios te oiga! porque a mí me gusta llevarme bien con todo el mundo, pero hay gente… que diría yo… que se ríe de los males ajenos y hasta si te pasara cualquier cosa buena, sería capaz de tergiversarlo para que pareciera mala.
AMBROSIO:
Anda mujer anda, que parece que hoy te has levantado con el pie izquierdo, ¡Mira que estás de una moral! Que pareciera que hubieras estado de velatorio toda la noche. ¡Ah! Pues mira, hablando de velatorios te diré que ya tenemos cura nuevo, es muy joven recién salido del seminario, ¡pero no sé cómo se arreglará! pues según me han dicho tiene diez pueblos y ya ves… en la mayor parte de ellos… todo son personas mayores. Antes había diez curas para un pueblo, pero ahora sólo hay un cura para diez pueblos, ¡hay que ver lo que ha cambiado la vida!
ISABEL:
Antes, los curas sobraban casi todos, y ahora como que tampoco van hacer mucha falta, ¿No te parece a ti? Por eso Dios no manda más que los justos, para que sean mejor de lo que fueron y cumplan con su trabajo lo mejor que sepan, pero… ¡Sí! Un cura para diez pueblos… son muchos pueblos para un cura… ¡Como le dé por morirse a la gente…! Tiene entierros todos los días ¡Ah! Pues me acaban de decir, que el Sr. Pablo está muy mal y que de esta creen que no saldrá, pero claro, es un hombre muy mayor, según dicen, que tiene ciento doce años y con esa edad ya… pues como que no se puede esperar grandes recuperaciones. ¿No te parece?
AMBROSIO:
Pues la verdad que no, ¿crees tú que nosotros llegaremos a los ochenta? A mí no me importaría el llegar a los noventa… pero si estoy bien y tengo pleno conocimiento… Si no… en cuanto antes muera, antes dejo de dar guerra, porque ¡Cuidado qué damos guerra cuando somos niños! Pero anda qué… cuando somos mayores… ¡también damos la nuestra! También, ¡también la damos! Me han dicho que D. José el nuevo cura, no cobra nada por los entierros, ni por nada, que sólo pide la voluntad y que la deja para la parroquia, porque según dice él, con lo que le pagan a fin de mes… para vivir le llega. Pero yo no estoy de acuerdo que quiera hacer eso, porque lo que le pagan es poco, ahora vive con la familia, pero… ¿Cuándo viva sólo? ¿Cómo va a gobernar su casa? Y para ir de Patrona… como que tampoco le llega.
ISABEL:
Bueno… No te preocupes tanto por el cura, que seguro… antes de que nos demos cuenta habrá empezado a cobrar por todo y si no… al tiempo. Anda, sal por ahí un rato a ver si encuentras gente para formar la candidatura, que me han dicho que no es tan fácil encontrarla, que la gente no quiere problemas y ya sabes, la candidatura la forman diez personas, ¡hala! ¡que tengas suerte! -Él se marcha y ella se queda haciendo punto o cualquier otra cosa, de vez en cuando mira el reloj y dice- Yo… la mujer del alcalde, jajajajajajaja. ¡Pues sí que está bien sí! Pero este hombre cuánto tarda, ¡Ya no le espero más! ¡Cuánto tarda Dios mío! ¡ya está bien ya!, desde la hora que hace que salió y aún no ha llegado, de esta vez, ¡seguro que la candidatura ya la tiene hecha! ya son las tres de la mañana y aún no ha llegado ¡que venga cuando quiera! yo me voy a la cama.

Se marcha y aparecen los dos con una bata de andar por casa, Isabel pone el desayuno para los dos mientras Ambrosio empieza a hablar.

AMBROSIO:
Pues mira mujer, ¡no estés tan enfadada por lo tarde que llegué ayer! bueno, ¡ayer no! esta mañana, pero mira, ya formé la candidatura, luego la entrego… y a esperar el día de las elecciones, que he visto a la gente muy animada, mujer, pero que muy animada ¡No creía yo que iba a terminar tan pronto! Y no sabes tú, el peso tan grande que se me ha quitado de encima.
ISABEL:
¡No! si enfadada no estoy, pero con lo que tardaste, tuviste tiempo de haber preparado varias candidaturas si es que la gente estaba tan dispuesta, pero no me había parecido a mí, el haber oído eso, aunque… ¡algún año tendría que cambiar! Me parece bien, que haya sido mejor así.
AMBROSIO:
De todas las maneras he tenido que hablar lo mío para convencer a la gente, pero la gente al final lo entendió… y yo estoy muy contento de haber empezado y terminado este asunto, luego, ¡Dios dirá! Te diré que también conocí a D. José, el hombre ¡que majo es! le llamaron porque D. Pablo estaba muy mal y la familia quería que recibiera la Santa Unción de enfermos. D. José vino al pueblo y dijo que de esta noche no saldría, pero allí estuvo un rato con nosotros tomando unos refrescos. Dijo que mañana tenía una misa en el pueblo número dos y que si este hombre se moría hoy, tendría que esperar para hacer el entierro por la tarde, entonces siendo así, lo invité a comer ¡Pobre hombre!
ISABEL:
¡Coño, le han cambiado el nombre a los pueblos! ¡El pueblo número dos! Y ¿el nuestro…? ¿Cómo se llama nuestro pueblo? ¡Porque yo no estaba enterada de dichos cambios…! ¡Mira que este Ayuntamiento…! ¡Ale! Y mañana el cura a comer… espero que no sea remilgoso porque si no…, no sé qué hacerle de comer…
AMBROSIO:
Mujer, el cura comerá cualquier cosa, aunque algunas le gusten más que otras, pero no va a poner objeciones a algo que le invitas con la mejor intención ¿no? No estaría bien por parte de nadie, pero por parte de un cura, todavía estaría peor. En cuanto a los pueblos, ninguno ha cambiado de nombre, sólo los llama así el cura, dice que para no confundirse, como no recuerda los nombres, los tiene numerados del uno al diez y él se arregla.
ISABEL:
Y al nuestro que número le tiene, no siendo que alguien me pregunte y no sepa contestarle.
AMBROSIO:
Nuestro pueblo, como no podía ser menos le ha puesto el número uno. Si llego a ser Alcalde trabajaré para que sea el número uno.
ISABEL:
Para empezar, tendremos que pintar la casa para el día que te nombren alcalde, porque no queda bien que el alcalde tenga la casa sin pintar, que si la pintamos después de que te nombren, la gente piensa que lo hacemos con el dinero del ayuntamiento jajajajajajajajaja y compra el coche también, que si lo compras después piensan lo mismo y ese terreno que decías que ibas a comprar, cómpralo ya y haz el chalet también, que la gente luego piensa muy mal.
AMBROSIO:
¡Coño! Pero… ¿Te tocó la lotería o qué? Porque a este paso te gastas cuanto te ha tocado ¡Vaya mujer comprando! Pero… ¿De qué BANCO sacamos el dinero para pagar todo eso? O es que acaso lo regalan?
ISABEL:
Vamos a ver, ¿no dices que vas a ser el alcalde? Pues tú lo compras ahora y cuando seas alcalde lo pagas del ayuntamiento, ¿De dónde lo vas a pagar, hombre? ¿De dónde lo vas a pagar? Pues del ayuntamiento. Jajajajajajajaja.

(Continuará…)

Autora:
© 2011 – Rosa Mª Llamas Segurado

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